Tres Reinos: Capturar flechas con botes de paja

Zhuge Liang
Capturar flechas con botes.
Ilustración de Jinxie Zhong (金协中)

¿Los mejores obsequios vienen de amigos o enemigos? Cuando un estratega militar necesita conseguir 100.000 flechas en tres días, encuentra la solución más conveniente: que las flechas se las envíen los arcos y carcajes de un impensado benefactor.

La historia completa

Después de que la antes majestuosa Dinastía Han cayera ante la subversión y la usurpación en el año 220 de nuestra era, China atravesó uno de los periodos más turbulentos que haya conocido. Antes conocida como “el reino central”, ahora China estaba dividida en un trío de estados al norte, sudeste y sudoeste. La guerra interna y la lucha por el poder y la supervivencia de este periodo se conoció como el periodo de los Tres Reinos.

Se escribieron numerosos relatos, tanto históricos como ficticios, sobre estos tiempos dramáticos. El más famoso es Romance de los Tres Reinos. Consagrado como uno de los Cuatro Grandes Clásicos de la literatura china, la novela inmortalizó a los generales, estadistas y caudillos de la época como un conjunto de intrépidos héroes y traicioneros villanos.

Esta enorme obra del siglo XIV, comparable en escala a Guerra y paz, de Leon Tolstói, narra muchas historias llenas de detalles, con anécdotas semi-ficticias y entrelazadas con lo sobrenatural. La danza clásica china de Shen Yun 2015, “Capturar flechas con botes de paja”, describe una de estas historias.

El protagonista de la historia es el canciller Zhuge Liang del estado sudoccidental de Shu. Pasó a la historia como el estratega militar más eminente y brillante de esa época, aunque la novela también le atribuye proezas mayores y fantásticas.

Zhuge Liang
Zhuge Liang.
Ilustración de Chengwei Zhao

Lucha por el control

Es el año 208 y el ejército del estado Wei del norte de China se dirige al sur con la esperanza de formar un imperio en todo el Reino Central. La fuerza, liderada por el ambicioso y despiadado Ministro Cao Cao, es enorme y tiene el ánimo muy alto luego de varias victorias. Cuando llega a las orillas del río Yangtze, acampa y espera el momento de la batalla.

Del otro lado de las poderosas aguas del río están los estados de Shu y Wu. Sintiendo la latente amenaza del norte y sabiendo que son muy superados en número, los líderes del estado Shu del sudoeste y de Wu del sudeste se unen en una coalición temporal, una especie de intento desesperado por evitar la inminente masacre por parte de las fuerzas de Wei.

Zhuge Liang se ocupaba de aconsejar a los generales del ejército de Shu y Wu y debía pensar en una manera de resistir al ejército superior de Cao Cao. El experto estratega enfoca su mente en formular una estrategia, y los sureños esperan un milagro.

Un plan

La respuesta llega a Zhuge de una manera inesperada. Aunque su estado Shu y su vecino Wu son técnicamente aliados, los generales de Wu no confían del todo en Zhuge y lo envidian por sus legendarias habilidades. Incluso en estos momentos, cuando deberían estar unidos, su envidia los lleva a elaborar un plan para deshacerse de él.

Le informan que planean atacar al ejército del norte y que necesitarán 100.000 flechas, una enorme cantidad de municiones. Le dicen que el ataque comenzará en 10 días y que, aunque parezca una misión imposible, Zhuge tendrá que encontrar la manera de conseguirles lo que necesitaban, de lo contrario, lo ejecutarán. Zhuge, moviendo tranquilamente su abanico de plumas de grulla, respondió con una sonrisa: “Sólo denme tres días, nada más”.

Zhuge pasó los primeros dos días preparando su operación secreta. Reunió 20 botes ligeros y a cada uno lo equipó con 30 soldados. Luego rodeó a cada grupo de soldados con muñecos rellenos de paja; en esencia, un ejército de espantapájaros.

El tercer día, junto a su confidente el General Lu Su (que en la danza de Shen Yun va vestido de azul) lidera los botes por las anchas aguas del Yangtze. Lu Su no sabe exactamente cuál es el plan de Zhuge, y se pone bastante nervioso a medida que se acercan a la orilla donde está el enemigo.

Lluvia de flechas

Una espesa niebla cubre todo el río mientras reman en territorio enemigo. Zhuge da la orden a sus hombres de gritar y golpear sus potentes tambores de batalla. Asustado por el estruendo y enceguecido por la niebla, el sobresaltado ejército del norte dispara incontables flechas desde la orilla hacia la dirección del ruido.

Zhuge reordena su flota en una línea frente al campamento enemigo. Cuando las flechas caen como lluvia –más espesas que la nieve y más afiladas que el granizo– simplemente caen sobre los muñecos de paja, que parecen alfileteros del tamaño de un hombre. Cuando los hombres de paja en las proas habían absorbido todas las flechas posibles y los botes comenzaron a hundirse bajo el peso de las flechas, Zhuge hizo que los botes dieran la vuelta para dejar al descubierto su parte posterior. Cuando los hombres de paja en la popa absorbieron las flechas, los botes recuperaron el equilibrio.

Finalmente, con más de 100.000 flechas acumuladas, Zhuge dirigió los botes a su propia orilla, donde lo recibieron los perplejos generales de Wu.

“¿Cómo se te ocurrió un plan tan brillante?”, le preguntaron con una admiración reticente.

“Un buen general no sólo debe ser experto en estrategias de batalla, sino también en astronomía, geografía, adivinación y los principios de yin y yang”, respondió Zhuge. “Pude prever la espesa niebla con tres días de anticipación, y así formulé mi plan”.

Enfrentamiento en el acantilado rojo

Gracias al plan maestro de Zhuge, el ejército de Shu y Wu tuvo suficientes armas y estuvo listo para atacar. Zhuge no tenía conflicto con pelear con flechas prestadas, ya que tenía la intención de devolverlas rápidamente.

Lo que aconteció después pasó a la historia como la Batalla del Acantilado Rojo, y esas 100.000 flechas fueron cruciales para lo que terminó siendo una victoria clave para las fuerzas del sur. Refrenaron el avance de Cao Cao e hicieron retroceder a lo poco que quedaba de su ejército.

Los pueblos de los estados de Wu y Shu permanecieron seguros. Los estados guerreros de China entraron en un punto de equilibrio y se dio comienzo al Periodo de los Tres Reinos, una era que ha cautivado a historiadores y literatos por casi dos mil años.

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